En primavera nos llega la tanda anual de peticiones de cristal. Edificios de oficinas del Parque Tecnológico con muro cortina, naves de Fuente del Jarro con lucernarios y bandas altas de ventana, y algún concesionario con fachada acristalada de seis metros. La pregunta siempre es la misma: cómo se hace y cuánto cuesta.
La respuesta depende de la altura y del acceso, y elegir mal el método es lo que convierte un trabajo de una jornada en tres.
Hasta 8 metros: pértiga de agua pura
Es el método que más usamos y el que casi nadie conoce. Se trabaja desde el suelo, con una pértiga telescópica de fibra de carbono conectada a un equipo que desmineraliza el agua.
La gracia está en el agua. Al quitarle las sales y los minerales, el agua se vuelve "hambrienta": arrastra la suciedad y, al secarse, no deja cerco ni marca porque no lleva nada que depositar. No hace falta jabón ni secado con labio de goma.
Ventajas para el cliente:
- No hay trabajo en altura, así que desaparece el riesgo y el papeleo asociado.
- No se monta andamio ni se corta el paso.
- Se puede hacer en horario laboral sin molestar dentro del edificio.
- Rinde mucho: una fachada de planta baja y primera se hace muy rápido.
Limitaciones: la pértiga llega cómodamente hasta unos ocho metros, y necesita que haya espacio en el suelo para colocarse. Si el cristal da a un patio ocupado o hay un voladizo por medio, no sirve.
De 8 a 20 metros: plataforma elevadora
Cuando la altura supera lo que alcanza la pértiga, entra la máquina. Plataforma articulada o de tijera según el acceso y el terreno.
Aquí ya cambia todo el planteamiento:
- Hace falta espacio de estacionamiento y suelo con capacidad portante. En un patio de maniobras de nave suele haber; en una calle interior de polígono, hay que cortar y señalizar.
- El operario necesita carné de plataforma elevadora y arnés con punto de anclaje.
- Es trabajo en altura, así que entra evaluación de riesgos específica y, en muchos casos, coordinación de actividades empresariales con el titular del edificio.
Es más caro por hora, pero permite hacer también carpinterías, remates y limpieza de lamas o rejillas de ventilación de fachada, que con pértiga no se tocan.
Por encima: técnicas verticales
Muros cortina de varias plantas, torres de oficinas o lucernarios sin acceso interior. Se trabaja con cuerdas desde cubierta, con doble línea —de trabajo y de seguridad— y anclajes certificados.
Es la opción más flexible y la que menos molesta abajo, pero exige tres cosas que hay que comprobar antes de contratar:
- Que el edificio tenga puntos de anclaje homologados y con su certificado en vigor. Si no los tiene, hay que instalarlos, y eso ya es obra.
- Que el personal tenga formación específica en trabajos verticales y aptitud médica en regla.
- Que exista un plan de trabajo escrito con la secuencia, los medios y el rescate previsto.
Si una empresa te ofrece cuerdas sin preguntar por los anclajes, mala señal.
Los lucernarios de las naves: el caso más traicionero
Este merece párrafo propio. Las placas traslúcidas de cubierta de muchas naves no aguantan el peso de una persona, aunque lo parezca. Cada año hay accidentes graves por pisar una placa envejecida.
Se limpian desde abajo con pértiga cuando la altura interior lo permite, o desde arriba sin pisar la placa, andando solo sobre correas y con línea de vida. Nunca a peso sobre el material.
Y hay un motivo económico además del de seguridad: un lucernario sucio deja pasar mucha menos luz. En naves con turno de día, limpiarlo una o dos veces al año se nota directamente en la factura de la luz.
Cada cuánto y cuánto cuesta
Para un edificio de oficinas normal:
- Cristal interior y mamparas: semanal, dentro del contrato de mantenimiento.
- Cristal exterior accesible desde el suelo: mensual o bimestral.
- Fachada completa en altura: dos o tres veces al año. Con dos suele bastar salvo en entornos con mucho polvo.
- Lucernarios de nave: una o dos veces al año.
El precio no va por hora sino por trabajo, porque depende del método. Lo que sí se puede decir: la pértiga es, con diferencia, la opción más barata por metro de cristal, y por eso conviene diseñar el mantenimiento para que la mayor parte del vidrio se pueda hacer así.
Cómo lo presupuestamos
Vamos a ver el edificio, medimos la superficie de vidrio, comprobamos la altura real y el acceso, y miramos si hay anclajes y en qué estado. Con eso sale un presupuesto cerrado por escrito en dos días laborables, con el método indicado y los medios que se van a emplear. Si hay que trabajar en altura, la documentación de prevención se entrega antes de empezar, no el mismo día.
Tienes el detalle del servicio en limpieza de cristales y fachadas, y si lo que buscas es un plan completo para tu edificio, en oficinas y despachos está cómo encajamos el cristal dentro del mantenimiento periódico.